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Reflexión de Pastoral ““Soltar el control y entregarse a la Providencia”

Reflexión“Soltar el control y entregarse a la Providencia”

 Por nuestra cultura occidental estamos estructurados bajo la necesidad de tener todo bajo control, de hecho, hasta antes de la crisis del virus, creíamos tener todo bajo control.

El deseo impulsivo por querer controlarlo todo nos ha llevado a reprimir nuestros sentimientos, nos cuesta expresar lo que muchas veces estamos sintiendo, el afán permanente de controlar nuestra vida nos ha conducido a estar abstraídos y encapsulados en nuestro “yo”, hemos olvidado que somos seres emocionales y vulnerables, seres frágiles que se equivocan y aprenden.

Las respuestas actitudinales con nuestro próximo (prójimo)se han convertido en reacciones de lucha, fugayparálisis,es decir,con actitudes frívolas, agresivasy poco empáticas. Desde el ámbito psicológico, podemos decir que elexceso de controles sinónimo de miedo, la vigilancia exacerbada bloquea los miedos crónicos que cargamos, miedos que nos hacen estar en reacción y no en respuesta. Es más fácil reaccionar que escuchar e identificar nuestros temores.

El virus del covid-19 nos hace ver impotentes, sin la posibilidad de controlar nada, pero puede ser una oportunidad para estar con nuestros miedos, aceptar nuestra fragilidad y expresar aquello que sentimos. Esas actitudes nos llevan a “soltarel control” y las certezas, para abandonarnos confiadamente en la providencia, ingresemos en nuestra dimensión espiritual, parque que recuperemos la riqueza de nuestro espacio sagrado y miremos más allá del dolor y la incertidumbre.

Dolor e incertidumbre que también vivió Madre Emilia Gamelin fundadora de las hnas. De la Providencia, cuando por 1846 llegan a Quebec y Montreal más de 5.000 irlandeses en condiciones de suciedad, desnutrición y pobreza, estaban enfermos de tifus transmitido por los piojos, les provocaba envenenamiento de la sangre y manifestándose con fiebre alta y delirios. Es decir, un contexto miseria humana que no dejo indiferente a Emilia y sus hermanas, había que soltar los miedos para estar con los más necesitados y a pesar del peligro de contagio había que abandonarse a la providencia de Dios, las crónicas nos dicen que en julio de 1847, se estableció en la Congregación la tradición de encender todos los viernes siete cirios a Nuestra Señora de Dolores, para rezar la corona de los siete dolores, de manera que haya siempre mujeres con vocación de servicio y para que el virus no siga atacando a los más pobres.

 A partir de lo que estamos viviendo, este fragmento de la historia que vivió Madre Emilia Gamelin y sus hermanas, nos permite fortalecer la solidaridad en la preocupación por los otros, en la responsabilidad que tenemos por cuidarnos, pero especialmente en el abandono y la confianza plena en la providencia de Dios.

 Con humildad reconozcamos nuestra fragilidad y reestablezcamos lazos y vínculos con quienes vivimos, hagámoslo en sintonía compasiva, siendo cada vez más conscientes de nuestras actitudes y comportamiento con los que nos rodean, que este nuevo orden despierte en nosotros lo plenamente humano, como la comunicación, confianza y resiliencia para sobreponernos a la incertidumbre.

 

Juan Carlos Avendaño H.

CoordinaciónPastoral

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